Los celos son una emoción que aparece cuando tratamos de poseer algo de forma exclusiva. Son muchos los tipos de celos que pueden aparecer a lo largo de nuestra vida.

 

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En la infancia, los niños pueden sufrir celos de sus hermanos, en un deseo de conservar de forma exclusiva el afecto y cariño de sus padres.

 

En la adolescencia es frecuente la aparición de celos entre los amigos. Estos celos suelen ocasionar pequeñas riñas en la pandilla, ya que la persona que los sufre se sentirá agredida ante el temor de que el resto del grupo trate de expulsarlo o sustituirlo por otro más competente.

 

Los celos más frecuentes y los más peligrosos son los que se dan en relaciones amorosas. La persona que los sufre piensa que su pareja le va a abandonar y sustituir por otra más atractiva, lista, simpática, etc. En realidad lo que sucede es que la persona que tiene celos se siente insegura de sí misma. Piensa que no tiene los suficientes valores para conservar a la persona amada.

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Las primeras medidas que el celoso/a tomará para hacer frente a sus miedos serán: permanecer alerta, vigilar a su pareja, controlarla, etc. Cualquier pequeño indicio que encuentre, se convertirá para él en una prueba certera de la infidelidad de su pareja. Esta situación irá incrementándose . La desconfianza será cada vez mayor y muy posiblemente la relación de pareja termine por romperse.

 

Hay que tener en cuenta que los principales factores que mantienen una relación de comunicación y la confianza, y ambos factores se ven atacados y alterados por los celos.

 

Es recomendable solicitar ayuda terapéutica ante los primeros síntomas, con el fin de evitar que la conducta celotípica se refuerce y afecte gravemente a la relación de pareja.

 

Luis de Miguel. Psicólogo de los Centros Médicos Cemaj.

Nº col. M-14382