Las separaciones y los divorcios en España aumentaron un 4,8% en los tres primeros meses de 2017 (hasta 31.694) con respecto al mismo período del año anterior, según los datos publicados por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).

Lamentablemente y con una cierta frecuencia me encuentro en mi consulta con parejas que han decidido separarse. Generalmente la separación o  el divorcio es una experiencia frustrante para todas las parejas afectadas y puede resultar mucho más difícil cuando se tienen hijos. En muchos casos la separación  viene a solucionar conflictos que afectan a toda la familia derivados de una relación de pareja insatisfactoria, pero se corre el riesgo de que tenga consecuencias muy negativas para los hijos. Los menores son los espectadores pasivos de la ruptura de la relación de sus padres, y con demasiada frecuencia, las víctimas inocentes del comportamiento inadecuado de éstos, así como de los errores cometidos a lo largo del proceso de su separación.

La separación de los padres no siempre es algo negativo para los hijos, ya que en muchos casos estarán mejor si sus padres dejan de convivir. Residir en una casa donde las discusiones son frecuentes, puede ser peor que vivir o relacionarse con los progenitores por separado tras la ruptura.

El propósito de este artículo es el de  proporcionar ciertas pautas  a las parejas que tienen hijos y que están pensando en separarse o se han separado para poder abordar la separación y la forma de planteársela  a sus hijos de la mejor manera posible.

  1. Cómo informar de manera adecuada a los hijos de la separación de los padres:

Una de las preguntas más frecuentes que me plantean los padres es la de cómo comunicarles a sus hijos la decisión que han tomado de manera que el impacto que produzca en ellos sea lo menos doloroso posible.

Lo esencial es que los niños estén al corriente de lo que se decide. El niño debe oír las palabras exactas sobre las decisiones tomadas por sus padres. Les aconsejo en primer lugar que informen conjuntamente a sus hijos, para que de está manera sus hijos vean que la información les viene por parte de ambos padres y que los dos están de acuerdo en la decisión que han tomado. Es importante explicarles las circunstancias de la separación de tal forma que los niños puedan comprenderlas independientemente de la edad que tengan, ya que la información siempre se puede adaptar en función de su desarrollo cognitivo y utilizar un lenguaje apropiado a su etapa evolutiva. Es necesario animarles a que pregunten y manifiesten sus pensamientos y sus sentimientos, ayudarles a expresar su malestar y no negar que pueden tener emociones negativas como rabia, miedo o ira.

Aunque la decisión de la separación la suele tomar uno de los progenitores, conviene decirles a los niños que es una decisión del padre y de la madre, muy pensada y meditada para que todos salgan beneficiados y sobre todo que es una decisión firme y que no va a haber reconciliación. No conviene presentar la separación como algo trivial y que se supera rápidamente, ya que mostraremos una visión muy poco realista de la situación.

Cuando los niños se encuentran en la etapa infantil conviene evitar conceptos complejos como “pensión de alimentos” o “visitas” para no confundirles con cuestiones que nunca antes habían oído. Igualmente y teniendo en cuenta la vaga idea que tienen del concepto tiempo, hablarles de que verán a papá o a mamá fines de semana alternos o cada tres días o mitad de vacaciones puede desorientarles, es mucho más tranquilizador decirles con ejemplos concretos qué actividades continuarán haciendo con cada uno de ellos, y quien les llevará al colegio y les irá a recoger, o quién les contará el cuento al acostarse, etc., “como siempre”. Hay que asegurarles que la casa donde va a vivir el otro progenitor será su casa también y tendrá una habitación para él, con sus juguetes y sus cosas personales, donde acudirá frecuentemente y permanecerá todo el tiempo que decidan.

Las razones de la ruptura hay que tratar de explicarlas de forma que puedan entenderlas. Es importante que se vaya más allá de la simple explicación de “ya no nos queremos”, aunque procurando no entrar en detalles que puedan dañar la imagen del otro. Y sobre todo hay que dejarles muy claro que ellos han sido muy importantes en la vida de sus padres y que su nacimiento es lo mejor que les ha ocurrido. Que aunque estén separados ellos van a ser sus padres para toda la vida.

Si tienen edad suficiente pueden preguntar por las actividades y costumbres que les gustaría mantener, especialmente con el que se irá de casa. En la etapa de la adolescencia, la sinceridad de los padres es fundamental, porque a esta edad son capaces de comprender que a lo largo de la vida hay dificultades y problemas en las relaciones, aceptando las razones por las que sus progenitores han decidido separarse.

En general, tengan la edad que tengan los niños en el momento de la separación o el divorcio, los padres no deben escatimar explicaciones a sus hijos acerca de la decisión que van a tomar, ya que es de una gran trascendencia en sus vidas.

  1. Cómo puede afectar a los hijos la separación de sus padres:

Muchos niños me cuentan que se sienten más tranquilos desde que sus padres ya no viven juntos. Sorprendentemente, cuentan también que pueden pasar más tiempo con cada uno de ellos, comparado con el tiempo que compartían antes, y que pueden estar con más alegría y tranquilidad. Otros comentan que están más tristes desde que sus padres se separaron; a veces dejan de comer, o tienen problemas para dormir, su rendimiento escolar baja y extrañan a sus padres continuamente, deseando que se reconcilien y vuelvan a vivir todos juntos. Pero conforme va pasando el tiempo los sentimientos negativos se van disipando hasta que desaparece.

Cuando los hijos están tratando de superar la situación sin suficiente apoyo, muchas veces muestran su angustia a través de su conducta y no de las palabras. La manera en que exteriorizan sus sentimientos puede causar dificultades añadidas, porque cada progenitor suele interpretar diferentemente su comportamiento y culpar al otro de ser la causa de los problemas.

A continuación voy a tratar de describir las reacciones  más comunes que suelen aparecer en los niños tras una separación en función de su edad. Hay que tener muy en cuenta que no todos los niños manifiestan estas reacciones y, como ya hemos mencionado, todo dependerá de cómo afronta cada progenitor la separación, y de cómo ambos la manejan en lo que a sus hijos se refiere.

2.1 Menores de 3 años:

Muchos padres suelen creer que los niños menores de tres años no se dan cuenta de lo que está ocurriendo entre ellos porque son demasiado pequeños para comprenderlo. Sin embargo, durante este periodo de rápido desarrollo es cuando más dependen de sus padres y por tanto se ven afectados, igualmente, por su comportamiento. Los bebés no sienten su propia angustia, sino la del progenitor con quien viven y con quien permanecen más tiempo o es su cuidador principal; si este progenitor está tenso y distraído no podrá proporcionarle la cantidad de atención y estímulo necesarios para su desarrollo cognitivo y emotivo. No podemos olvidar que de la consistencia y calidad de su primer apego dependerá su sentimiento de seguridad

Algunas sugerencias para evitar los efectos de la separación (menores 3 años):

Es importante no perder de vista que a estas edades los bebés necesitan la presencia activa de ambos progenitores para conseguir un desarrollo armónico. Las bases de la personalidad del niño y de su organización mental están prácticamente establecidas al final del tercer año, y de ahí la importancia de que, al menos uno de ellos, se haga cargo de él. La ausencia del cuidador principal para un bebé tiene una trascendencia enorme, ya que ante su falta de comprensión y su incapacidad para tolerar la frustración, puede sentir que su padre o su madre le han abandonado. Pero también es muy importante que con aquel progenitor con quien no vaya a convivir, pueda compartir frecuentes periodos de tiempo para garantizar el apego con los dos, y que estos periodos de tiempo estén sujetos a una rutina que permita establecer un hábito.

2.2. De los 3 a los 5 años:

Con frecuencia los niños pequeños tienen más dificultades para expresar emociones o pensamientos, y suelen reaccionar ante la situación de ruptura de la relación de sus padres con respuestas psicosomáticas, sobre todo en ocasiones determinadas, como cuando acude con el progenitor con el que no convive habitualmente. ¿Qué quiere decir esto?: que puede vomitar, tener dolores de barriga, de cabeza, fiebre o dolores en las rodillas, etc. Es una forma de que su cuerpo exprese lo que les ocurre cuando no pueden hacerlo con las palabras. Este tipo de comunicación no verbal, las reacciones psicosomáticas, no siempre es una señal de preocupación, sino un lenguaje que debe descifrarse y que aporta información, pero a veces no se interpreta de manera correcta y la madre y el padre pueden creer que el niño se pone enfermo cuando acude a casa del otro debido a que no le cuida convenientemente, o que simplemente rechaza el encuentro con él. Esta forma de reaccionar no siempre es atribuible a las personas en concreto, sino a la peculiaridad de la situación.

  • Confusión, ansiedad y miedo: están muy desconcertados e inseguros frente a los cambios en su vida familiar, porque con frecuencia los propios padres no saben muy bien cómo explicar a niños de esta edad lo que está pasando.  Las rabietas, tozudeces y trastornos del sueño son alteraciones propias de estos niños; se niegan a ir a la guardería y se resisten a dejar la casa, a esto le denominamos “ansiedad de separación”, llegando hasta el pánico por no querer desprenderse de los seres queridos.
  • Fuertes fantasías de reconciliación, se aferran a la esperanza de que sus padres volverán otra vez a estar juntos e inventan fantasías que los consuelen.
  • Aumento de la agresividad: muchas veces el enojo infantil proviene de sentimientos de pérdida y rechazo.
  • Sentimientos de culpa: muchas veces los niños imaginan que son culpables de que sus padres no sigan juntos, suponiendo, por ejemplo, que han sido abandonados a causa de su propia desobediencia.
  • Regresión: en algunos casos demuestran su ansiedad e inseguridad mediante retrocesos en el aprendizaje de conductas que ya tenían adquiridas, como el control de sus esfínteres, volviendo a mojar la cama, o mostrando conductas excesivamente dependientes.
  • Incremento de los miedos o aparición de problemas alimentarios.

Algunas sugerencias para evitar los efectos de la separación (de 3 a 5 años):

  1. Asegurar al niño que no va a ser abandonado. Decirle que sus padres continuarán ocupándose de él y le seguirán queriendo.
  2. Explicarle la situación de una manera sencilla, concreta y clara. Decirle que uno de sus padres saldrá del domicilio familiar, cómo y cuándo lo hará.
  3. Reiterarle que él no es responsable de la ruptura.
  4. Mostrarle el sitio donde vivirá el otro progenitor y decirle de qué modo seguirá viéndole. Si va a vivir temporadas en esa nueva casa, puede decorar su habitación con la ayuda del progenitor que vaya a vivir allí.

2.3 De los 5 a los 7 años:

A estas edades los niños son más conscientes de los motivos y razones que tienen sus progenitores para separarse, pero quizá lo más característico en esta etapa es el riesgo de presentar conflictos de lealtades reaccionando defensivamente, pudiendo negarse a mantener la relación con uno de ellos. A veces, son estos niños los que mantienen más fantasías de reconciliación.

  • Tristeza y sufrimientos profundos: Suelen estar relacionados con el nivel de confusión en la casa; muchos niños están intensamente tristes incluso cuando su padre o su madre no lo están.
  • Sentimientos de abandono y miedo: a menudo existe el temor de ser olvidados y de perder también al otro progenitor.
  • Enojo: con frecuencia dirigen su rabia contra aquel a quién creen responsable de la ruptura y normalmente a aquel con quién residen, creyendo que ha echado al otro fuera de casa.
  • Conflictos de lealtad: se encuentran en medio de dos personas que son las que más quieren y que hasta ahora les han ofrecido seguridad y estabilidad, pero no saben cómo ser fieles a ambos.
  • Fantasías de reconciliación. Son continuas a estas edades, creen firmemente que su padre y su madre volverán a unirse.

Algunas sugerencias para evitar los efectos de la separación (5 a 7 años):

  1. Tomarse tiempo para responder, porque a esta edad es mayor la exigencia de explicaciones y les inquieta saber cómo les afectará personalmente la separación.
  2. Multiplicar las muestras de afecto y amor. Recordarles que se les quiere igual que antes de la separación.
  3. Comprender al niño y permitirle expresar sus miedos.

2.4. De los 8 a los 12 años:

Este es un periodo de rápido crecimiento y los niños a esta edad adquieren nuevas capacidades para comprender la realidad. En esta etapa son más conscientes de las causas y consecuencias de la separación de sus progenitores, pero también es más probable que tomen partido en los conflictos parentales porque tienen un sentido más estricto del bien y del mal, mostrándose enfadados con su padre o con su madre si no actúa como consideran que debe hacerlo. En este sentido pueden tratar de culpabilizar a uno de sus progenitores, considerando al otro como inocente o víctima.

  • Suele aflorar el sentimiento de enfado, ira extrema, rabietas de mal genio, conducta exigente.
  • Sentimientos profundos de pérdida, rechazo, impotencia y soledad.
  • Sentimientos de vergüenza, indignación moral y resentimiento frente al comportamiento de sus progenitores.
  • Miedos, fobias y rechazo.
  • Aumento de dolencias psicosomáticas: dolores de cabeza, de estómago, trastornos del sueño. Síntomas que expresan un alto nivel de ansiedad.
  • Emisión de juicios. Identifican un progenitor como el bueno y al otro como el malo, rechazando a éste último.
  • Alianza con un progenitor, no necesariamente con quien se sienten más unidos. Se suelen constituir fuertes alianzas con el que no conviven.
  • Pérdida de la autoestima. Puede tener dificultad de concentrarse en la escuela y obtener un bajo rendimiento.
  • Mala conducta de algunos niños, sobre todo varones, y pueden mostrar comportamientos delictivos.

Algunas sugerencias para evitar los efectos de la separación (8-12 años):

  1. Animar al niño a que exprese sus sentimientos.
  2. Explicarle que su padre y su madre no vivirán juntos pero que seguirán ocupándose de él.
  3. Permitirle tener frecuentes contactos con el adulto con el que no conviven habitualmente.
  4. Ayudarle a mantener hábitos de vida regular.

2.5. De los 13 a los 18 años:

En esta etapa es destacable un sentimiento de pérdida que se manifiesta como rebeldía, dificultad de concentrarse, fatiga crónica, pesadillas, etc. Son reacciones y sentimientos habituales en los adolescentes, no sólo en aquellos que sus padres se han separado, y que significa la pérdida de la infancia y de la seguridad que ello suponía. A estos sentimientos de pérdida, propia de la etapa de la adolescencia, hay que añadir el de la ruptura de la relación de sus padres. Por tanto, nos encontramos en este periodo con las siguientes reacciones emocionales y conductuales más significativas:

  • Presión para tomar decisiones: algunos padres esperan que los hijos tomen sus propias decisiones sobre las visitas al otro progenitor o sobre la elección del progenitor con el que quieren vivir. Otras veces se comportan de manera “adulta” y responsable y “entienden” la separación, no tomando partido por ninguno de los dos.
  • Conflicto entre los deseos de ver al progenitor con el que no conviven y de continuar realizando actividades con sus amigos y compañeros. En ocasiones se enfadan o se encierran en sí mismos y reaccionan descargando emocionalmente (discusiones) su contrariedad ante la separación de sus progenitores.
  • Preocupación por el dinero: resentimiento por recibir menos que sus amigos, presiones sobre los padres para que compensen la situación que están viviendo con una mayor generosidad material.
  • Celos de la nueva pareja de un progenitor.
  • Depresión: introversión, negativa a comunicarse.
  • Delincuencia: hurto, robo, consumo de drogas.

Algunas sugerencias para evitar los efectos de la separación (13 a 18 años):

  1. Discutir abiertamente la ruptura con el adolescente.
  2. Tener en cuenta su opinión en los temas que le conciernen.
  3. Ayudarle a determinar sus propias necesidades.
  4. Escucharle y saber estar disponible.

Para finalizar este extenso artículo, me gustaría comentar que la separación o el divorcio es un acontecimiento crucial y decisivo para hombres y mujeres, que frecuentemente normaliza el estado de discordia existente en la pareja y supone una liberación del clima crispado que la disputa ha originado, dando paso a un cambio de vida, a un estado diferente que afecta a todos los aspectos de su vida.

Al principio, la separación de la pareja supone, tanto para los niños como para los adultos, un estado de incertidumbre, pero con el paso del tiempo no debería seguir siéndolo, porque se trata de una situación que tiene como objetivo aportar una solución cuando otras alternativas son inviables. No se puede negar que la ruptura genera dolor en todos los miembros de la familia y especialmente en los hijos, pero sus consecuencias no deben considerarse únicamente como nocivas o perjudiciales. Es necesario que los padres y madres realicen un esfuerzo importante, que tenga como objetivo alejar el conflicto conyugal de la continuidad de las funciones como padres y evitar que sus hijos se vean implicados y arrastrados en sus propias luchas

Indicar que el centro médico Cemaj cuenta con un equipo de psicólogos con amplia experiencia en el tratamiento tanto en adultos como en niños y adolescentes de problemas derivados de la separación matrimonial. Desde estas líneas  les animo a que no duden en solicitar nuestra ayuda si así lo consideran.

Luis de Miguel Bonet. M14382

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